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CARAS CONOCIDAS se mantienen fieles a la hija, como lo fueron al padre [IMAGEN: La República]

No es ojeriza

Una respuesta a la columna de Fernando Rospigliosi en El Comercio

Publicado: 2018-08-18


Hoy Fernando Rospigliosi ensaya un frankenstein histórico, al intentar comparar al antifujimorismo con el antiaprismo. De hecho se está prestando un argumento que comparten columnistas como Víctor Andrés Ponce o el desaparecido Efraín Trelles en hacer una comparación absolutamente anacrónica entre antifujimorismo y antiaprismo.

No queremos desaprovechar la ocasión para llegar a cualquier peruano/a que, como el respetable columnista, tenga la idea equivocada acerca del antifujimorismo.

¿Por qué no?: hoy cualquier persona tiene derecho a que su opinión sea leída, reposteada y retwitteada. Fernando Rospigliosi, por supuesto, tiene derecho a una opinión acerca de ese antifujimorismo del que nos sentimos parte como Colectivo No a Keiko (NAK); pero que es más grande que nosotros.

Rospigliosi está en lo cierto cuando dice que el antifujimorismo ha ganado 3 de las últimas 4 elecciones: 2001 (Toledo), 2011 (Humala) y 2016 (PPK). No a Keiko (NAK) apareció en el 2009. Por eso decimos que el antifujimorismo es más antiguo y más grande que NAK. No todos los antifujimoristas nos siguen en redes. Unos 400 mil de ellos; sí. Pero muchos otros solo se expresan cada 5 años, en la cámara secreta, al momento de emitir su voto.

Así es que, de ninguna manera, nos irrogamos la representación del antifujimorismo en su totalidad. Simplemente porque, a diferencia de los partidos políticos, nuestro movimiento no es "propositivo". No hay un puesto, un cargo, una parcela que querramos obtener. El antifujimorismo es una reacción; es una alergia ante un partido político que desde 1990, cuando se hace de algún poder, sólo sabe excederse y abusar. Y desde el retorno a la democracia, la reacción antifujimorista ha sido sido de peso en cada elección presidencial.

Nosotros aspiramos a transformar esa reacción, en una ciudadanía organizada en defensa de los valores democráticos.

Pero hemos nacido como “No a Keiko” porque ella es la actual lideresa del fujimorismo y, fiel al personalismo del padre, el símbolo de su partido es ella misma. La famosa “K” inicial de su nombre se ve por todo el país y conserva el color naranja de Cambio 90 y Nueva Mayoría perennizando la vocación caudillista de nuestro país. No es ojeriza, en absoluto. Rospigliosi también acierta en que nos da igual el fujimorismo de los hijos, como el del Padre (¡perdiste, Levitsky!). Tenemos algo de evidencia al respecto; por brevedad diremos sólo 1) Keiko no reconoce los delitos por los que Alberto Fujimori purgó prisión e insiste en llamarlos “errores”, 2) No le consta que Montesinos haya cometido delitos y 3) véase la foto de Keiko con Walter Jibaja; quien no fue el único ex-edecán de su padre que acompañó, ni el único ex militar asociado al SIN durante la campaña de la Hija.

el fujimorismo conserva en sus filas a edecanes de alberto y  agentes del 'doc'

“El antifujimorismo es hipócrita y falso”

Rospigliosi cuestiona que el antifujimorismo se base en la anticorrupción y la defensa de los Derechos Humanos. Ello porque en el 2011 votamos por Ollanta Humala, quien estaba cuestionado por el caso Madre Mía, y cuya esposa Nadine Heredia era dueña de una prosperidad inexplicable. Y acusa al antifujimorismo de dar su respaldo al entonces ministro, Daniel Urresti (¡!), sospechoso del asesinato de Hugo Bustíos.

Cuestionamiento que sería indiscutible… si tuviéramos unos sistemas electorales y de Justicia eficientes, que realmente sometieran a todos los candidatos a filtros rigurosos sin pizca de favoritismo; y nos permitieran elegir sólo entre lo más transparente y probo de los postulantes. Pero mientras Keiko mantenga esa buena suerte de llegar a la segunda vuelta sin que nadie le mire los aportes de campaña poco claros o las dádivas que sin embargo sí alcanzan para tachar a otros candidatos; la valla moral de cada proceso electoral quedará muy bajita, y habrá que elegir entre algún Fujimori y “el mal menor”.

También tendría razón Rospigliosi si el antifujimorismo propusiera candidatos presidenciales. Pero, lo dicho; no somos un partido político y no tenemos candidato/a. Alguien debe llegar a la presidencia, y votar en contra de Keiko no nos convierte necesariamente en abogados del contrincante de turno. Del mismo modo en que al Sr. Rospigliosi no podríamos calificarlo de mentiroso por haber sido ministro de Toledo, un hombre que le negaba la paternidad a su hija Zaraí. Nuestro voto no nos hace cómplices.

Kenji Fujimori

El Columnista afirma que el antifujimorismo apoya masivamente a Kenji con tal de oponerse a Keiko. Eso nos deja con muchas preguntas ¿cuál es el apoyo masivo al que se refiere? Es cierto que en el primer mes del 2018 Kenji superó en popularidad a Keiko en varias encuestas. Pero ¿eso alcanza para colegir que ese apoyo proviene del antifujimorismo? ¿cómo sería posible? si el antifujimorismo considera injusto el indulto a Alberto Fujimori, de cuya negociación Kenji es sospechoso. ¿Qué es, entonces, antifujimorismo para Rospigliosi?

Hasta aquí hemos discutido las principales inexactitudes de Rospigliosi respecto al antifujimorismo. Pero ahora le proponemos ir un poco más allá; y quizás, cuestionar mas bien, por qué el fujimorismo aún existe y se dedica a rebajar la calidad de nuestras contiendas electorales. En el 2011, Keiko pasó a segunda vuelta con el 23,56% de votos válidos. En el 2016, pasó con el 39,86 %. Hay un porcentaje de fieles a lo que Keiko representa. Por qué no decirlo; la democracia no es la opción favorita de todos. Y quejarse del síntoma (el antifujimorismo) , no va a solucionar el problema de fondo.


Escrito por

No a Keiko

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Publicado en

NO A KEIKO

Blog oficial del Colectivo No a Keiko