reconoce sus orígenes

Fuente: Facebook http://bit.ly/2u0vMBd

No es odio

Sobre el gastado pero pegadizo argumento fujimorista de atribuir odio a quienes se le oponen

Publicado: 2017-06-28


El Presidente de la República ha catapultado recientemente el tema del indulto a Alberto Fujimori al debate político del país. Nuevamente se han desatado las discusiones a favor y en contra. Discusiones que nosotros desde aquí consideramos ociosas, ya que el ex presidente Fujimori se encuentra condenado por cinco delitos probados; el más grave de todos y por el que está pagando la condena más alta, corresponde a los hechos de La Cantuta y Barrios Altos.

No vamos a explicar aquí el detalle de las sentencias y las pruebas que existen en todos los casos. Un lector acucioso podrá encontrar fácilmente las sentencias judiciales con una simple búsqueda en internet. Sí recomendamos una lectura desprejuiciada de las mismas antes que guiarse por artículos de opinión que escatiman hechos, o por abogados prestos a desconocer olímpicamente ciertas ramas y doctrinas del derecho penal.

Al carecer de argumentos formales, la estrategia de algunos manejadores de opinión a favor de Fujimori apela a la subjetividad del interlocutor. Ya lo hemos visto antes. Apuestan por la virulencia y la diatriba, como si a mayor calibre del insulto sus razones se hicieran más ciertas.

Es innegable que con esa estrategia obtienen la respuesta deseada. Provocan la agresividad del oponente y ganan municiones para contraatacar: “el odio los motiva”, dicen.

Es la trampa del fujimorismo. Confundir nuestra legítima desconfianza (basada en la experiencia y la historia reciente) con el odio. Confundir el argumento divergente con el odio. Confundir nuestro respeto por la cosa juzgada, con el odio. Y es que el odio es la mitad de esa visión de dos colores con que algunos pretenden simplificar el mundo. Así se aliena al contrario. Es la forma más primitiva de desarrollo de las sociedades humanas: el temor al peligro que puede representar “el otro”. Cuando una posición política necesita de la explicación del odio para poder enfrentar a sus rivales suele ser una posición autoritaria.

Lo vemos actualmente en Venezuela, en donde los rivales políticos son relegados como seres extraños dentro de su propia sociedad. Los estigmatizan como enemigos del pueblo o agentes del imperialismo y así legitiman marginarlos, encarcelarlos y hasta matarlos. Es válido hacer eso a “los odiados”.

En la novela 1984, Orwell describía que un sistema político totalitario necesitaba del “minuto del odio” para recordar quienes eran los enemigos del Gran Hermano. El sistema apelaba a la emoción más primaria de sus ciudadanos para aborrecer todo aquello que podría significar una oposición al sistema.

En el Perú no hay personaje más odiado universalmente que el terrorista. Razones para esta fama sobran. En 1980 los “terrucos” le declararon la guerra al estado peruano e inciaron una vorágine de sangre y destrucción durante los siguientes 12 años con el expreso propósito de provocar una sangría mayor que les diera el poder para instalar una dictadura comunista de corte polpotiano.

La mayor construcción cultural del odio en el Perú, se halla pues, en la figura del terrorista. Por eso, si alguien quiere ganar una discusión de manera irracional solo basta con achacarle al rival dicha denominación de “terruco” para granjearle un rechazo masivo. Reducen la grave figura delictiva del terrorismo (que es perseguible y punible cuando de hecho, se comete) a un mero insulto que usar a conveniencia. A ellos no les interesa perseguir el terrorismo: si realmente fuéramos terroristas, a los trolls, tuiteros y bloggers fujimoristas que nos dedican el mote de terrucos les bastaría con denunciarnos para sacarnos de circulación.

Y es que para estas personas la lucha política solo se puede entender a través del odio.

No existe la posibilidad de una cultura democrática partiendo de usar categorías de odio para la lucha política. Quienes hacen uso de ellos es porque en el fondo conciben a sus semejantes no como miembros de su propia sociedad, sino como posibles enemigos. Una propuesta política de ese corte es no solo demagógica, sino autoritaria.

Recordemos en los 90 como la oposición política fue estigmatizada de la misma manera. Cuando hubo una marcha de apoyo, por ejemplo, al Canal N, quienes en esos momentos transmitieron el famoso video Kouri-Montesinos, hubo quienes llamaron a los manifestantes terroristas. Y a quienes se atrevieron a recolectar firmas para el referéndum de 1997 también fueron llamados así.

Es decir, quienes explican con gruesos adjetivos que quienes nos oponemos al indulto del ex presidente Fujimori estamos motivados por el odio no hacen más que reflejar su vena más autoritaria.

Porque el odio no define a la democracia. El cumplir la ley y sus sentencias, sí.

Colectivo No a Keiko.


Escrito por

No a Keiko

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